¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza cuando se habla de habitar o de territorio? Me atrevería a decir que muchos piensan en algo tangible, algo más bien físico y no los culpo ese es el pensamiento binario clásico: tierra o agua, norte o sur. Eso nos da una falsa sensación de dominio sobre lo que habitamos.
Creemos que si podemos trazar por ejemplo la línea del litoral de Santa Marta en un papel pues ya entendemos el territorio y les tengo noticas; no es así de fácil, y ese mapa estático que hicimos en nuestra cabeza trazando esas líneas se cambia porque nos encontramos en un territorio que es escurridizo, que respira y en donde las coordenadas no se miden en grados de latitud. En cambio, se miden desde la memoria y sobre todo en el vocabulario de quienes lo navegan. Y es que aquí el vocabulario no es un simple sistema de etiquetas para señalar donde hay peces o donde hay rocas. En el socio dialecto se ve como las palabras construyen, defienden o en algunos casos muy tristes destruyen realidades físicas y sociales. Las palabras entonces desde este punto dejan de ser solo un vocabulario y pasan hacer una declaración a mi parecer de: conocen “las normas” pero se niegan a borrar su procedencia para acomodarse a el sistema. Están introduciendo su contexto en una ciudad que intenta excluirlos por todos los medios (Areiza, et al., 2004, citado en Flórez Ortiz, 2015, p. 15).
Para entender todo esto un poco mejor, les haré mención al contexto lingüístico del caribe centrándome en la indexicalidad, en el artículo de Marlen Dominguez (2000), titulado Los problemas del español del Caribe (hispánico) (insular) y la identidad, en este se muestran que el caribe ha sufrido una estigmatización lingüística sistemática durante mucho tiempo, desde las academias y los centros urbanos de poder administrativo las realidades caribeñas han sido tachadas durante décadas de: jergas informales, corronchos o hablantes carentes de rigor intelectual, desde este texto se puede marcar el problema de la identidad socio dialecto de raíz de su geografía, de este modo Domínguez (2000) sostiene que «El primer obstáculo para esta investigación es la propia definición de Caribe. El Caribe ha estado asociado fatalmente al mito de la insularidad, en lo que ello supone de soledad, de abandono robinsoniano» (Domínguez, 2000, p. 1). Este es el concepto que más justifica el aislamiento político, el cual es la idea de proyectarnos como pequeñas islas desconectadas, en lugar de reconocerlos como lo que son un centro cultural continuo y super complejo. Y la respuesta lingüística a ese aislamiento político que intentan imponernos es el socio dialecto que en este caso es el socio dialecto de las comunidades pescadoras en este momento es que ya se comienza a entender el concepto de la indesicalidad. Las comunidades de pescadores están llenas de expresiones, léxicos y semánticas muy concretas a su forma de habitar el caribe palabras como faenas, el norte es la virgen de aquel morro, está caliente la marea, peñón alineado, llega etc. sí nos vamos por la academia, la lingüística tradicional o una persona casual que no conoce el contexto podría asumir que son meras intercesiones o “vulgarismos”, como si fueran muletillas sin importancia, pero la indesicalidad nos explica el mecanismo real de estas palabras, no solo expresan una emoción momentánea, sino que son signos que apuntan a una realidad social.
Cuando un pescador utiliza su indexicalidad está invocando un sistema de valores, tradiciones y una resistencia colectiva frente a esa marginación histórica. Está marcando el perímetro de su identidad que para mi experiencia en campo y lo que he leído es su armadura sociolingüística. Ahora bien, sé que tal vez tu lector te estes cuestionando hasta qué punto esto es grave ponerle un nombre local a una corriente marítima peligrosa o a un ancón traicionero en el fondo es un sistema de supervivencia, es un GPS rudimentario para saber dónde tirar la red y no morir ahogado y pienses que estoy romantizando un manual de instrucciones de pesca llamarlo habitar la palabra y es una objeción entendible si la miramos desde una mentalidad extractivista pero para estas comunidades pesqueras la supervivencia biológica y la supervivencia cultural son el mismo fenómeno, me gustaría traer a colación un famoso antropólogo Tin Ingold su idea del lengua como movimiento, el argumenta que conocer un entorno no es asimilar una representación abstracta del sino que nombra un proceso llamado wayfaring que traduce recorrer el terreno los nombres en el litoral son en palabras de Ingold líneas de vida que entretejen la maya del territorio (Ingold, 2012, p. 241, citado en Quimbayo Gómez, 2026) en otras palabras, el territorio existe porque se narra al transitarlo, si se pierde la palabra que usan para definir como el viento choca contra una roca especifica en el litoral, no solo se pierde un dato náutico se rompe esa maya intergeneracional se rompe la trasmisión de conocimiento. Perder la indesicalidad para la comunidad pesquera es estar a la deriva no solo geográficamente si no existencialmente.
Pasamos a dejar claro que las palabras usadas por los pescadores para dirigirse a sus prácticas no son simplemente metáforas sino actos que enactuan su realidad. Al tratar al mar como a un igual social activan unas obligaciones morales que frenan la extracción desmedida de forma natural. el ejemplo más grafico que les puedo dar de como la indexicalidad moldea la relación es el conflicto de genero gramatical entorno al mar es el debate que expone relatos del coral este documenta el choque de visión del estado y el capitalismo extractivo impone el uso masculino EL MAR y la persistencia de las comunidades pesqueras en usar el femenino LA MAR (Quimbayo Gómez, 2026, p. 32). El pescador no flota sobre un recurso material gestionado por un ministerio en una oficina, cohabita con una entidad que crea vida, vida que da subsistencia a no solo pescadores. Termino este escrito con la siguiente reflexión. La palabra no describe el paisaje, la palabra es la condición que permite que el pasaje sobreviva.
Bibliografía
Areiza Londoño, R., Cisneros, M., & Tabares, L. E. (2004). Hacia una nueva visión sociolingüística. ECOE Ediciones (Citado en Flórez Ortiz, M. J. . El costeñol, variante dialectal del castellano en el Caribe colombiano: Estudios y características).
Domínguez Hernández, M. (2000). Los problemas del español del Caribe (hispánico) (insular) y la identidad. Temas Lingüísticos. Universidad de La Habana.
Quimbayo Gómez, J. E. (2026). Relatos del coral: Ensamblaje de historias y vivencias en Taganga, Santa Marta [Tesis de maestría, Universidad de El Bosque].

