Mientras las autoridades anuncian operativos y resultados militares, hay una pregunta que no podemos dejar de hacer: ¿qué pasa con la gente que queda atrapada en medio de la confrontación?
Las calles están solas. Comercios, tiendas y droguerías han cerrado. Hay familias encerradas en sus casas, personas que no pueden movilizarse y comunidades enteras expuestas a una situación que no provocaron.
Y aquí hay algo que debemos discutir: ¿son realmente responsables las decisiones que ponen a la población civil en medio del fuego cruzado sin que existan garantías claras para proteger su vida?
¿Cuáles son las rutas de evacuación?
¿Cuáles son las rutas seguras para quienes necesitan salir de las zonas de enfrentamiento?
¿Qué medidas concretas está tomando el Gobierno para garantizar y proteger la vida de la población civil?
Porque no basta con anunciar operativos. También es responsabilidad del Estado anticipar los riesgos que esas decisiones pueden generar sobre quienes habitan estos territorios.
Y debemos preguntarnos si determinadas acciones, cuando se desarrollan sin suficientes garantías para la población, terminan produciendo justamente lo contrario de lo que deberían buscar: más miedo, más vulnerabilidad, más restricciones para la vida cotidiana y una ciudadanía atrapada en medio de la confrontación.
Tampoco podemos reducir esta situación a la muerte o captura de uno u otro cabecilla. ¿Qué pasa con las comunidades cuando un actor armado cae y otro ocupa su lugar? El problema no desaparece simplemente porque cambie el nombre o el liderazgo de una estructura.
La seguridad no puede medirse únicamente por el número de operativos realizados. La vida y la integridad de la población civil tienen que estar en el centro de cualquier decisión.
Santa Marta no puede seguir siendo una ciudad donde la gente tenga que esconderse, cerrar sus negocios o arriesgar su vida cada vez que se intensifica la confrontación armada.
La población civil necesita protección, información clara, rutas seguras y garantías para poder vivir y movilizarse sin miedo.
No queremos acostumbrarnos a la guerra.
No queremos aprender a vivir entre las balas.
Queremos vivir en paz.

