Cape Town (SA) y Santa Marta (COL): algunos paralelismos entre dos ciudades del Sur Global

William Olivero-Jaramillo

Maestrante Antropología

Estudiante Maestría Educación Virtual

La ciudad de Cape Town es un lugar multicultural, con un desarrollo portuario y marítimo sobresaliente y, cuenta con varios sitios históricos y naturales, como playas y otro más, que vale la pena visitar. Mi estadía en esta ciudad se da en el marco de una Academia Global sobre Transiciones Energéticas, que reunía estudiantes y profesores de universidades de Alemania, Sudáfrica y Colombia. Así, en este documento, mi objetivo es relatar una experiencia que no pretende ser generalista, pero que si me ha llevado a re-pensar un símil entre la ciudad mencionada anteriormente y la ciudad de Santa Marta (Colombia). Esto es, a pesar de las distancias y diferencias, es posible que puedan existir algunos paralelismos naturales o dinámicas similares a la ciudad de Santa Marta, en especial, en que ambas tienen una montaña cercana al mar.

En Cape Town, la montaña local es llamada «Table Mountain», que al igual que la Sierra Nevada de Santa Marta (SNSM), se ubica en cercanías del mar, curiosamente ambas montañas del lado del Océano Atlántico (datos sobre cada montaña) y como parte del hemisferio Sur del planeta. Sin embargo, hay que precisar que para ambas existen unas diferencias geográficas y ambientales claves. La primera se considera una meseta llana y tiene una elevación de 1.086 m.s.n.m. y la segunda, sobrepasa ampliamente ese número y tiene una altitud de 5.710 m.s.n.m., que le da el titulo de ser el sistema montañoso más alto del mundo cercano a un litoral tropical, sin describir además otras particularidades ecológicas de la SNSM, como poseer todos los pisos térmicos, desde las playas hasta los glaciares que paradójicamente sufren los embates del cambio climático.


En este contexto, la experiencia que quiero exponer se relaciona al primer sistema montañoso mencionado en mi estadía en el país ubicado más al sur de África. Ese día, junto a un grupo de personas de una universidad pública de Colombia y, mi participación como estudiante de la Universidad del Magdalena, tomamos un Uber a través de la App que nos dejó en una de las varias entradas para subir a la Table Mountain. El primer aviso encontrado en dicha entrada fue una imagen en ingles que daba consejos y advertencias sobre la actividad a hacer y los riesgos posibles al subir la montaña. La subida, al principio a un ritmo más de entusiasmo que de cautela, mantenía al grupo a una distancia cercana entre las personas con que iba, no obstante, luego de la primera división del camino, que tenía dos rutas, aquí el grupo empezó a distanciarse unos de otros, un paso más rápido, un paso más lento, marcaba la diferencia entre ir primero o ir de último, yo maneje un paso intermedio para tratar de estar en el medio.


El camino tenia a sus alrededores fauna y flora autóctona, que se caracteriza por el fynbos. Hubo un momento en que me detuve en el camino para tomar unas fotografías del paisaje y para también tener evidencia de mi estadía allí, el famoso “estar allí” como lo ha llamado algún antropólogo en referencia a la etnografía; en ese momento que estoy tomando las fotos veo en mis cercanías unos pájaros que nunca había visto en mi vida, se me acercaron y pude fotografiarlos y hacer un video de ellos, fue único. En términos generales, puedo decir que el camino es muy parecido a otras montañas, los que han subido la SNSM pueden darse una idea, a veces el camino era plano, a veces con curvas, con señalizaciones y senderos protegidos, pero faltando unos 20 o 25 minutos para llegar al lugar más plano, hubo varias situaciones que son plausibles de marcar: en este tramo del camino empiezan a aparecer unas piedras perpendiculares que debían subirse con cautela y así mismo el camino se volvía más inclinado, mientras subía vi personas de varias edades (jóvenes, adultos y adultos mayores, estos  últimos a un paso más pausado y recibiendo la ayuda de alguien), con temor a equivocarme, observe que muchas personas locales toman este lugar para practicar deporte, una especie de senderismo más fuerte y ahincado. También vi turistas subiendo, pero los locales y su ruta deportiva fueron ampliamente mayoría.


Otra situación, al mismo tiempo de cuando voy subiendo la montaña, es una experiencia que no he podido tener de forma tan marcada cuando subí a la SNSM, se relaciona a unas nubes que pasaban mientras subía, una especie de viento con suaves gotas de  agua que chocaban contra mi cuerpo en cada paso que daba y, al tener ese posibilidad de ver con mis ojos esa neblina o nubes pasando tan cerca de mí, me acordé que la naturaleza puede sorprendernos en segundos, aquellas nubes que veía desde el Centro de Cape Town o desde la orilla del mar y que parecían inalcanzables, pude tenerlas cerca y cada una de esas gotas me hacía sentir un momento inimaginable.


Al subir a un punto muy cerca de la cima, espere un momento allí al resto del grupo y aproveche para explorar sus alrededores sin alejarme mucho, ya que aquí habían varios caminos y si no estabas apercibido o seguro del camino transitado, podías tomar un camino equivocado y no poder regresar al lugar de donde inicialmente estabas, justo esta situación me la explicó una persona que casi no encuentra el camino de regreso debido a la neblina que había en los alrededores del lugar y que a pesar de su belleza escénica, era al mismo tiempo un indicador natural de precaución y cautela; neblina, que aparecía y desaparecía de un momento a otro sin avisar y sin pedir permiso. Tome algunas fotos del paisaje, de árboles con una apariencia de haber sufrido algún tipo de incendio o que quizás eran así debido a su biología y morfología del lugar.

Después, camine con el grupo inicial de personas hacia el lugar esperado, es decir, la parte más plana de la montaña; aquí la montaña tomaba una forma particular y entendí el significado del porqué habían colocado a este lugar el nombre de «Table Mountain»; resulta que en ese lugar donde estaba caminando, tenía la forma figurativamente de una mesa, plana en diferentes opciones y se veía en el horizonte una especie de superficie que seguía este patrón pero a cierta distancia también se veían otros segmentos de esta montaña más empinados, como un lado de la montaña que se llama “Lion’s Head” (Cabeza de León). Pero lo que quiero sobresalir, en este contexto, es que, para poder conocer el significado de algún lugar o el nombre dado, es probable que sea clave visitar ese lugar y observar con tus ojos el panorama alrededor y sus componentes, para este caso, geográficos y naturales, para así poder tener una idea o reflexión del porqué el nombre dado a un lugar. Ya en este escenario, se observaban muchos más turistas y quizás es porque la subida a esta área se puede dar por un sistema de transporte que es el funicular, observe personas de continentes como Asia, Europa y América, incluso salude a un latinoamericano con una camisa de un equipo de futbol y estudiante de la Universidad de Stellenbosch (Sudáfrica). 


Por último, este lugar visitado me hizo recordar sobre los paralelismos de Ciudad del Cabo con la ciudad que tiene el título de los «500 años» del caribe colombiano. Hay que subrayar que la idea en este documento no es sugerir un símil total o absoluto en términos económicos o de calidad de vida entre dichas ciudades, donde es posible que existen diferencias marcadas entre una y otra, teniendo Cape Town unos avances significativos en la planificación urbana, sistema de transporte, configuraciones y relaciones litoral costero-seres humanos, entre otros más. Y, desde luego, Santa Marta también tiene sus particularidades y lugares emblemáticos, como el Parque Tayrona, que tiene una belleza escénica y natural única de Colombia y/o el continente, así como su historia, realidades y dinámicas sociales.

Mi reflexión, después de haber subido a Table Mountain, tiene como eje de análisis que ambas tienen una montaña cercana al mar, ambas tienen un pasado colonial, que se diferencia en que la primera fue colonizada por ingleses y holandeses y, la segunda por españoles. Ambas tienen playas turísticas y sitios naturales como Parques Nacionales y desde luego, como he marcado antes, existen diferencias. En definitiva, a pesar de la distancia de 10.964 kilómetros entre Colombia y Sudáfrica, pueden existir, en términos generales, lugares, sitios o escenarios que hacen parte del paisaje ambiental y social que pueden ser parecidos o que pueden otorgar algunos elementos para una mirada reflexiva, como este caso.

Otro elemento a subrayar en Cape Town es el tipo de paisaje que existe entre la montaña mencionada y el litoral costero, significativamente, en algunas áreas la montaña no llega hasta la orilla del mar, lo que ha permitido un espacio más extendido entre esa línea de costa y sin interrupciones físicas, que incluso ha permitido instalar vías de un sistema ferroviario, llamado “Metrorail”, que otorga al usuario de este vehículo explorar una imagen única: tener la posibilidad de ver la montaña y el mar al mismo tiempo. Justamente, estaba pensando una situación parecida para Santa Marta, pero aquí hasta el momento no tenemos algún tipo de tren urbano o de transporte público que pase por las cercanías al mar, (si existe uno que pasa por el sur de la ciudad, por ejemplo, por el barrio Don Jaca, pero que transporta carbón y que es llevado a un puerto marítimo para exportar). Este punto de la relación entre montaña-litoral, me llevo a reflexionar sobre cómo está compuesto el litoral-costero en varias partes de Santa Marta o más bien, pensar en esos límites que pueden ser una figura de “frontera” y/o naturales que impone la SNSM a dicho litoral. Por ejemplo, existe un tramo de litoral que puede ser caminado en esta ciudad en el área de playa que se conoce localmente como “La Bahía” en la Carrera 1 y que tiene como punto final la Playa de los Cocos al sur, ya que aquí se corta el camino de playa por la montaña y si no existiera dicho limite, las personas pudieran caminar por el sendero costero hasta Playa Blanca; lo mismo ocurre entre el sector de Playa Salguero y playas cercanas al sector de Pozos Colorados, donde existe como particularidad un límite físico entre estas dos playas, que es una montaña en forma de tortuga (Cabo Tortuga).

Paralelamente, la observación que hice para la relación entre montaña-litoral en Cape Town fue diferente, ya que en esta ciudad pude ver algunas áreas del litoral mucho más extendidas y sin límites tan marcados como en Santa Marta, es decir, habían áreas donde la montaña no llegaba hasta el mar, como si ocurre en varias playas de Santa Marta. Adicionalmente, en especial me llamó la atención toda la cultura alrededor del mar que existe en Cape Town, que pude observar concretamente el día que visite Kalk Bay, un pueblo pesquero que cuenta con una rica historia ligada a la población pesquera local y que se ubica en False Bay (Bahía Falsa), que tiene una longitud de 30 km (donde no creo que Santa Marta tenga una bahía con dicha extensión). En 1967, Kalk Bay fue declarada zona blanca en virtud de la Ley de Áreas Grupales, lo que tuvo efectos devastadores para gran parte de la comunidad pesquera local; esta situación también puede analizarse para el caso de algunas zonas de pesca de Santa Marta, donde dicha actividad sociocultural ha ido desapareciendo… En fin, este viaje también me invitó a reflexionar sobre temas de cooperación Sur-Sur entre estos dos países, ubicados en África y América, y que, pueden compartir experiencias en torno a la montaña y al mar.

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