La magia de tenerlo todo y la maldición de no tener nada a la vez

En algún punto de nuestra pequeña e insignificante existencia hemos oído aquella frase que ha retumbado en todos los rincones de Colombia y que de pronto a más de uno tiene sin cuidado; “El que no conoce  su historia está condenado a repetirla”, pero, ¿es esta una de las tantas falacias a las que nos tienen acostumbrados, o sí es una verdad universal?

Parece ser que en el contexto de la samariedad[1] esta palabra no tiene tanta validez, más específicamente hablando del desdén que han tenido todos aquellos que llegan a punta de promesas falsas e ínfulas de humildad y pobreza efímera que se van con el primer viento fresco luego de la victoria en las urnas, pero que aun así siguen siendo elegidos como aquel que te apuñala y te vende el hilo y la aguja para los puntos, tú sabiendo que ya te lo hizo una infinidad de veces.

Santa Marta, el pedacito de tierra (hablando cariñosamente) que hace menos de 8 meses conmemoró 500 años de su fundación, y que a día de hoy enfrenta las mismas problemáticas desde los 2000, sigue sin tener doliente alguno (visible, porque hay muchas personas que desde dentro de los barrios muestran su descontento con todos los malos procesos que se viven) que vele por el mejoramiento de todos los aspectos sociales de la ciudad, como lo son la seguridad y agua potable. Pero es que esto no es secreto para nadie, el samario se acostumbró a vivir bajo todas las falencias habidas y por haber, porque quizás perdieron la fé de que algún día llegue al poder alguien que de verdad se preocupe por cubrir lo necesario para vivir de forma digna.

El día que se prefiera elegir un proyecto que proponga un mejoramiento drástico para la ciudad, que no implique una política tradicional ni mentirosa, que te compre con un carrotanque de agua, que te dé 50mil pesos que demoran más en llegar que irse y un pastel que en 5 minutos ya no estará pero dejará ese sabor amargo durante 4 largos años o un puesto de trabajo de 3 meses y que si no colocas la imagen del político en tus redes sociales muy probablemente no te lo renueven, ese día el samario se dará cuenta que Santa Marta tiene potencial para ser una de las mejores ciudades de Colombia y del mundo por muy cliché que se escuche.

La magia de tenerlo todo, pero también la maldición de no tener nada a la vez, porque una sociedad sin memoria es una sociedad mediocre, y no es por ofender, porque soy samario a mucho honor y el reconocer las falencias que tiene la ciudad no me hace hijo desagradecido, pero verdaderamente que nos hace falta mucho para ser esa perla de américa que tanto atraía a propios y visitantes en tiempos de antaño, sobre todo el discernimiento para saber escoger a los que tomarán las riendas de este bonito pedacito de tierra, porque hay quienes en sus ansías de poder dicen venir de abajo y se comen un arroz de lisa o se atreven a probar un chorizo de esos “radioactivos”, pero que cuando llegan a la casa no hallan con qué aliviar el malestar estomacal.


[1] Todo lo que implica el hecho del ser y sentir samario.

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