La danza es una expresión artística y cultural presente en la historia de la humanidad, que ha permitido narrar experiencias, transmitir conocimientos y comunicar historias colectivas. Durante los procesos de colonización de Abya Yala, las poblaciones africanas esclavizadas trajeron consigo diversos saberes musicales, instrumentos y formas de expresión corporal. Al mismo tiempo, los pueblos indígenas que habitaban estos territorios contaban con sus propias tradiciones dancísticas, instrumentos y prácticas ceremoniales, además de las influencias musicales traídas de Europa.
Delia Zapata Olivella nos dice que las danzas tradicionales colombianas son el resultado precisamente del encuentro entre estas culturas. Los pueblos negros trajeron los tambores, los cantos responsoriales, y el cuerpo como motor de movimiento; las flautas, las gaitas, el millo, las marcas y cantos relacionados con el territorio fueron traídos por los pueblos indígenas; Por otro lado, la influencia europea se manifestó principalmente en algunos instrumentos de cuerda y formas de organización musical. En medio de la resistencia al orden colonial, el dolor, la violencia y el despojo, se encontraron para crear nuevas sonoridades y formas de movimiento que expresaban tanto el sufrimiento como los anhelos de libertad, que dieron origen a un mestizaje cultural. De estos procesos de encuentro y resistencia cultural surgieron manifestaciones artísticas que hoy constituyen parte fundamental del patrimonio cultural del Caribe colombiano y de América Latina. Danzas como la cumbia, el mapalé, el baile negro y la tambora, entre otras, no solo representan expresiones estéticas, sino también memorias vivas de resistencia, creación colectiva y persistencia cultural.
En la ciudad de Santa Marta, ubicada en el Caribe Colombiano es cuna de muchos de estos saberes, danzas y músicas heredadas de la diáspora africana que se esparce por el territorio. En las orillas del mar en Taganga nace el grupo folclórico, llamado Descendencia Folclórica. Enfocados en los bailes negros y con una apuesta dicha por su propio director como: “una propuesta escénica que resignifica la danza afro tradicional desde una mirada contemporánea y que fusiona la fuerza, la identidad y experimentación artística. La obra (La danza )toma como eje central la música y las sonoridades afrodescendientes, construyendo un diálogo permanente entre el cuerpo, el ritmo y la emoción” (comunicación personal, Hernan Vasquez, 2026) Decendencia folclórica une la modernidad y la tradición de las artes, crea y cuenta una historia por medio del baile.
Al mismo tiempo, el grupo se convierte en un espacio de preservación de la memoria de las danzas afrodescendientes y de reconocimiento de las luchas históricas de los pueblos negros. Cada danza que se baila en Descendencia Folclórica tiene su historia, una historia que permite conocer a los pueblos negros, nuestro territorio y hace memoria de este. Sin embargo, su importancia trasciende del escenario, también es un lugar donde se tejen afectos, se fortalecen vínculos comunitarios y se generan formas de cuidado colectivo entre quienes integran el proceso.
Para mí, ingresar a Descendencia Folclórica no significó únicamente volver a aprender a bailar. Fue encontrar un espacio de formación y conexión con la memoria, la identidad y hacer comunidad. A través de los ensayos y las presentaciones, aprendí que cada movimiento guarda una historia y que cada ritmo lleva consigo las huellas de quienes resistieron para que hoy estas expresiones sigan vivas. Entendiendo también que para mí bailar nunca ha tenido un significado banal, y que la danza también es política.
En Descendencia Folclórica no solo forman bailarines; también forma sujetos conscientes de la historia que habitan y de la responsabilidad de mantener vivas las tradiciones que han sido transmitidas de generación en generación. En este sentido, la danza se convierte en una herramienta de evocación, resistencia y transformación social.
Desempeñando un papel fundamental en la preservación de la memoria cultural de Santa Marta y el Caribe. Atreves de la enseñanza y la puesta en escena de los bailes afro tradicionales, el grupo contribuye a mantener vivos los saberes, las historias y las manifestaciones corporales de la diáspora africana. En una ciudad donde hay un indigenismo y un negacionismo hacia lo negro, Descendencia Folclórica se convierte en un espacio de salvaguarda y transmisión de conocimientos para las nuevas generaciones.
Por consiguiente, las juventudes que llegan a este espacio no solo encuentran un lugar de formación artística, encuentro comunitario y construcción de identidad. Si no que allí, jóvenes de distintos contextos encuentran un espacio para reconocer y fortalecer sus raíces culturales y construir relaciones basadas en el respeto, el cuidado y la solidaridad. Descendencia folclórica es la muestra reafirmante de que la cultura es un proceso dinámico construido desde las relaciones sociales y las experiencias compartidas.
