Saberes y Café: Mujeres Cafeteras de la Sierra Nevada de Santa Marta

Las mujeres cafeteras de la Sierra Nevada de Santa Marta son poseedoras de un gran conocimiento alrededor del café. Muchas de ellas han crecido en medio del cultivo; han aprendido sus técnicas a través de sus abuelos, padres, vecinos o simplemente observando a sus mayores, se han enamorado y tenido sus hijos en los cafetales, de hecho, algunos llevan los nombres de estos últimos. Además, desempeñan diferentes y múltiples roles en esta actividad que va desde la cocina, el cultivo, el ser líderes comunitarias, enfermeras, costureras, tenderas, docentes, farmacéuticas y por supuesto, madres. Es así, como a partir de entrevistas con mujeres cafeteras de la vereda El Cincuenta y sus alrededores en la Sierra Nevada he podido conocer sus experiencias y sus saberes en el territorio.

En el proceso de escuchar y dialogar con las mujeres, ellas me contaban que el café ha significado un todo en su vida, este le ha permitido generar ingresos a sus familias, estudiar y ser más autónomas. También mencionaban que antes el proceso para obtener café y vender era más complejo, puesto que este era artesanal (todavía lo realizan en algunos hogares, pero más que todo para consumo propio); tanto mujeres como hombres e hijas/os (la familia) trabajaban sembrando, cosechando, secando, pilando y tostando en un caldero para finalmente molerlo en un molino corona, además, antes solo había variedades como el arábigo y caturra; estos eran árboles grandes y la producción era mucho mayor. Actualmente, el café es tecnificado y cuentan con la tostadora gestionada por la asociación de mujeres cafeteras y artesanas de la Sierra Nevada ASOMUCARSINE y hoy hay otras variedades; variedad colombia, el Castilla de rojo y amarillo, que según el comité de cafeteros son más resistentes a la roya.

En la Sierra la cosecha del café se da una vez al año, aunque sus cuidados son durante todo el año. El volver a sembrar, limpiar los cafetales que ya están, cortar los viejos que ya no volverán a dar más cosecha, tostar los que quedaron de la anterior. Mientras tanto, siembran maíz, yuca, frijol y malanga que son productos transitorios y para consumo propio, las mujeres y hombres se dedican a otros oficios de lleno y atender los obreros que quedaron en la finca, los niños y jóvenes regresan a sus estudios de primaria, bachillerato o universitarios, sin descuidar los cafetales. Es un proceso de familia, un conocimiento que se mantiene vivo a través de las prácticas y los cuidados del café constantemente.

Agradecimiento: mujeres, hombres, adolescentes y niños/as de la Vereda El Cincuenta. Especialmente a la Señora Orfa Guerra por Invitarme y aceptarme en su finca.

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