Siempre Me Quedará

Los recuerdos borrosos de una ciudad gris, siempre llena de máquinas, edificios y fábricas, llegan a mi pensamiento regularmente, me hace recordar un hogar que perdí hace muchos años. Mis brazos y piernas se tensan al pensar en la posibilidad de volver a ese lugar del que nunca fui parte conscientemente, me perturba imaginar una vida lejos del paraíso que de pura casualidad se me presentó.

La recuerdo bella y calurosa, tendiéndome la mano mientras yo estaba sentada en el suelo, sin rumbo, recuerdo cómo levantó mi cabeza y con una voz dulce y tierna me susurró: “Quédate conmigo y prometo nunca más dejar que vagues sola por los caminos de esta amarga existencia, no volverás a pasar penumbras si estás a mi lado”.

Automáticamente mis ojos se llenaron de lágrimas cargadas de nostalgia, abracé su cuerpo en representaciones que me son imposibles de explicar con palabras, ya que necesitaría aprender mínimo 6 idiomas para poder describir con distintas lenguas la paz que ese paraíso me trajo la tarde que la conocí.

Y al pasar de los días, confirmé que las palabras que escuché esa tarde no eran en vano, conocí maravillas que creía yo, era imposible acceder a ellas siendo solo una simple mortal. Recuerdo cuando me permitió conocer esas hermosas montañas, creo que mis ojos nunca habían visto algo más hermoso. Me permitió caminar por ellas, sentirlas a través de mis dedos, recorrer sus verdes hojas por miles y miles de kilómetros, sentía como mi espalda se iba erizando al contacto con sus pieles, sentía que podía quedarme refugiada en ella por horas y horas. Pero no fue hasta que con jugueteo tomó mi cabeza y me giró, para encontrarme con lo que sería un paraíso visual lleno de colores encendidos que ni toda el agua del mundo podría apagar. Por unos segundos sentí como mis pies dejaban de tocar el suelo, mientras que mi cuerpo, al igual que un imán, iba caminando solo, con la intención de perderse en esa vista para siempre.

Me tomó mucho tiempo salir del trance en el que quedé después de haber ido al cielo y bajado en cuestión de segundos, no fue hasta esa noche, en dónde a escondidas, me fui sola a lo que parecía ser un desierto infinito, lugar en dónde llena de preguntas y ruido en mi cabeza, decidí entregarle mi cuerpo a ese del que he estado hablando desde el principio. Justo en el momento en el que mi cabeza tocó la arena, mis oídos se dispusieron a solo escuchar el sonido de las olas y la brisa nocturna, mis ojos con miopía se esforzaron lo más que pudieron para poder enfocar tan solo un poco del cielo medianamente estrellado. Fue ahí cuando entendí, que al cualquier lugar que fuera, nunca podría ser tan bueno como en el que me encontraba en ese momento.

Este paraíso tuvo el poder de cambiar y modificar en mí, muchos de los dolores que el pasado me había dejado, tal cómo me prometió, me cumplió e incluso hizo más de lo que dijo, curó y cuidó tanto mis heridas, que ni siquiera cicatrices quedaron, lo que me pareció impactante, siempre he tenido una mala cicatrización, sin embargo, ella pareció ignorar eso.

Pero temo decir que en este momento, nuestra relación está en juego, por motivos de fuerza mayor debo marcharme, y dejar atrás (otra vez), todo lo que con paciencia construí a su lado. Siento su indiferencia en los días que más sola me siento, me doy cuenta cada vez que llora por nuestra pronta ruptura, lo sé porque el hermoso color cielo de sus ojos, se vuelve gris y lúgubre, como si quisiera recordarme mis orígenes para de esa manera evitar mi partida. Lo sé, a mí también me duele tener que irme, ojalá pudiera quedarme para ser esclava de tus bellos horizontes y dulces caricias toda mi vida, pero lo siento, creo que el momento llegó.

Quiero que sepas, que no huyo, no sería capaz de dejarte después de todas las cosas hermosas que me brindaste, espero que entiendas que me voy en contra de mi voluntad, a lugares desconocidos que me llenan de temor cada vez que lo pienso, entiende que como tú, no existirá nunca nada parecido, te prometo que algún día volveré, solo te pido que me esperes y que me guardes un lugar en tu corazón, así como tú tienes un lugar en el mío.

Ay, Santa Marta, no sabes cuánto te amo, te llevaré siempre en mi alma, mente, cuerpo y corazón, eres ese recuerdo que jamás podré (ni querré) sacar de mí.

Recuérdame como lo que siempre fui, una forastera en busca de un hogar.

Texto para el paraíso llamado Santa Marta

Autor